Categoría: Relatos y Moralejas del día a día

Relatos y Moralejas contadas a través de técnicas de Story Telling y conceptualizadas con Infografías sencillas.

Buenos días, buenos días…

Buenos días a todo el mundo

Antes de empezar a trabajar:

1. Salgo de la comunidad de vecinos – El portero Juan saluda desde su garita. A Juan su empresa lleva dos meses sin pagarle. No obstante, me regala unos buenos días sincero.

2. Dejo a las niñas en el cole – El bedel del colegio, Eusebio, siempre dice unas palabras cariñosas a las niñas. A su mujer la operaron recientemente, y se le ve preocupado. No obstante, me regala unos buenos días.

3. Desayuno en la cafetería – El camarero, Alex siempre es amable, sonríe y me desea los buenos días. Alex ha tenido una hija prematura de 30 semanas y está preocupado por que todo vaya bien. No obstante, me regala unos buenos días sincero.

4. Una vez a la semana, acudo a una gasolinera donde Alfredo me pone la gasolina directamente. No tengo que salir del coche. Alfredo, me regala unos buenos días y me persuade con humor para que compre unos chicles en oferta. Se le nota el cansancio después de haber trabajado toda la noche.

5. Llego al trabajo – Las personas de seguridad del edificio me regalan unos buenos días antes de que se abra la barrera. Si ven que no llego a pasar la tarjeta por el control porque estoy alejado, siempre se ofrecen para ayudarme.

Cinco buenos días son muchos buenos días para ser las 8:30 de la mañana. Buenos días.

Se me rompió el móvil…y llegó la paz temporal

Se me rompió el móvil...y llegó la paz temporal

Fue hace tiempo…

El autobús se me escapaba. Tenía mucha prisa.

Corrí para cogerlo. Levanté las manos para llamar la atención del conductor. Resbalé y me caí. Mi móvil saltó por los aires. Dos sentimientos encontrados; Rabia y Sentimiento del Ridículo. No me dolió la caída. Me dolió el bolsillo. La rotura de la pantalla costaba 100€.

Me auto consolé diciendo: “Podía haber sido peor. Me podía haber roto los dientes”. Eso hubiese dolido más. Infinitamente más caro.

El día siguiente fui a la casa oficial. En una hora y media me lo tendrían reparado. Dejé el móvil y fui a una cafetería a esperar. Huérfano de móvil. Completamente asilado de mundo virtual. Solo me tenía a mi mismo. Pedí un café. A mi alrededor unas 20 personas. Todas – absolutamente todas – con su móvil en la mano. Sin comunicarse entre ellos. No había periódicos en la cafetería para leer. Tampoco disponía de un libro a mano.

Menudo aburrimiento. Bueno. Solo es una hora y media de soledad y aislamiento tecnológico. Miré por la cristalera de la cafetería. En un banco dos ancianos sentados. Sin móvil. Hablaban entre ellos. Reían. Hacían bromas a unos niños pequeños que jugaban cerca.

Salí de la cafetería. Y me senté en el banco vecino. Simplemente a observar. Con atención verdadera. Sin prisas. Sin móvil.

Mi función en la empresa es ser un «florero»

¿Cuál es su función en la empresa?...Soy Florero

Hace años conocí a Don Rufino.

Trabajaba en una compañía que se encontraba inmersa en un proceso de cambio significativo. Hoy en día, a estos cambios se les llaman “procesos de transformación digital”. Para el caso, es lo mismo.

Se inició el cambio:

– Contrataron directivos de alto nivel con amplia experiencia en el mercado.

– Estos directivos trajeron con ellos profesionales de confianza.

– Los profesionales de confianza contrataron a su vez los servicios de grandes consultoras.

– Las grandes consultoras subcontrataron servicios a empresas más pequeñas.

Y, todos, se pusieron a trabajar en el cambio. El primer de ellos… Don Rufino:

Persona comprometida. Con mentalidad abierta. Sin miedo a cambiar él. Identificado con su compañía. Entendía perfectamente la cultura de SU empresa. Comulgaba con los nuevos valores y principios. Regaló sus consejos a directivos, a consultores, a profesionales de confianza. Con ilusión. Con valentía. Con pragmatismo. Sin ego.

Un día alguien le dijo:

“Don Rufino. Tu papel en el proceso de cambio es ser un FLORERO. Deja actuar a los que saben”.

… y, Don Rufino, con resignación, se adaptó al cambio.

Se convirtió en un bonito florero.

La cafetería del barrio…

La cafetería del barrio

Hubo un tiempo que iba a tomar café a una cafetería del barrio.

Pero dejé de ir.

¡Y mira que el café estaba bueno!

El dueño de la cafetería trataba mal a sus empleados. Les increpaba en público. Les hacía quedar mal. Les “lanzaba” palabras duras en alto… Y no era un tema puntual como resultado de un mal día. Era todos los días. Con todos los camareros que pasaban por el local.

Había clientes que, de forma prudente y medidas palabras le insinuaban que “no fuese tan duro”. Que se relajase. Pero no hacía caso.

Lo que está claro es que han perdido un cliente. El café, estaba delicioso, pero uno no se lo tomaba a gusto.

Me pregunto: ¿Qué pasaría si todos los clientes de la cafetería hiciésemos lo mismo?

…el dueño tuviese que cerrar su negocio lo que implicaría que los empleados se quedasen sin trabajo.

…quizás el dueño reflexionase sobre la situación y cambiaría su forma de actuar.

…o quizás no pasase nada.

…o quizás pasase mucho.

La bufanda de la discordia…

La bufanda de la discordia

La bufanda de la discordia.

Presuntamente abandonada en el autobús. En el suelo. Sin propietario identificado.

Todos los viajeros del autobús ajenos a la ‘desafortunada circunstancia’. Hasta que la paz se interrumpe. Un viajero se percata de la situación. La recoge. Pregunta a las personas que están cerca si se les ha caído. Todos responden de forma negativa.

Una mujer parece confusa. Se fija en la bufanda. Responde en alto “Sí. Es mía”. El viajero se la ofrece. La mujer se la guarda.

Un hombre trajeado exclama: “¡Señora. Esa no es su bufanda!”. La mujer le responde muy enfadada “Y usted qué sabe. ¡Es mi bufanda!”. El hombre trajedado dice “Es de la mujer del fondo. Vi cómo se le caía”.

La mujer del fondo observa su cuello y responde amablemente “Sí. Esa es mi bufanda”.

Un joven reprocha al hombre trajeado “Si vio cómo se le caía, por qué no hizo nada”.

El hombre trajeado le recrimina “Pero tú qué dices chaval”.

…y, sin pretenderlo “un hombre trajeado, dos mujeres y un joven” que no se conocían de nada encuentran dos cosas en común:

1. Un enfado.

2. Una bufanda realmente fea.

¿Cuánto dinero ganas por hora?…

¿Cuánto dinero ganas por hora?

¿Cuánto dinero ganas por hora en tu trabajo?

… El niño tenía once años. El niño era estudioso, normal y cariñoso con sus padres. Pero el niño le daba vueltas a algo en la cabeza. Su padre trabajaba mucho,  ganaba bien y estaba todo el día en sus negocios.  El hijo le admiraba porque “tenía un buen puesto”.

Cierto día el niño esperó a su padre, sin dormirse, y cuando llegó a casa, le llamó desde la cama: –

Papá –le dijo- ¿cuánto ganas cada hora?. –

Hijo, no sé, bastante. Pon, si quieres, 18 euros. ¿Por qué?

– Quería saberlo.

– Bueno, duerme.

Al día siguiente, el niño comenzó a pedir dinero a su mamá, a sus tíos, a sus abuelos. En una semana tenía quince euros.  El niño esperó a su padre en la cama muerto de sueño. Escuchó a su padre llegar a casa y le llamó.

– Papá, dame tres euros que me hacen falta para una cosa muy importante…

– ¿Muy importante, muy importante? … Toma tres euros y duérmete.

– No, papá, espera. Mira. Tengo 18 euros.  Tómalos.

¡Te compro una hora!”

@ Fermín de Mieza

Abracadabra pata de cabra…

Abracadabra pata de cabra

Fue hace años. Nos encontrábamos inmersos en un cambio organizativo relevante. Las tareas de todas las personas del dpto. quedaron en ‘stand-by’. Todos a la espera de acontecimientos en una sala. La carga de trabajo se redujo a la mínima expresión.

El aburrimiento sólo era comparable a la incertidumbre que se olía en el ambiente. La partida de ajedrez se jugaba en los pisos más elevados del edificio. Hasta que no se colocasen los Reyes, las Reinas y las Torres, los peones estaban inmovilizados, asustados y angustiados.

Decidí matar el aburrimiento viendo vídeos y leyendo trucos sencillos de magia. Y practicando con disimulo. Y así, pasaban las horas y las horas. Al llegar a casa continuaba practicando. Y, sin pretenderlo, me convertí en un mago.

En un ‘gran mago’ que hacía trucos de magia muy muy malos… A los hijos pequeños de mis amigos, vecinos y compañeros les gustaban mucho mis trucos. Me rodeaban para ver cómo hacía desaparecer las monedas, cómo podía introducirlas en botellas cerradas o en envoltorios de azúcar, etc.

Me hacía feliz ver su cara de sorpresa e ilusión. A los dos meses, se colocaron las nuevas piezas de ajedrez en el tablero, y los peones comenzaron a moverse de nuevo.

…pero ahora, lo hacían con el poder de la magia.

Una historia como muchas otras…

Una historia como muchas otras

Una historia como muchas otras…

Principios de Septiembre de 2018. Vuelve el calor. Terracita de verano en Madrid en La Latina. Abarrotada de gente. Al fondo, una pareja de ancianos tomándose una copa de vino. Se acerca una persona de color ofreciendo “artilugios varios” guardados en una sábana sucia. Pregunta si alguien quiere algo. Con respeto. Sin incordiar. Para ganarse la vida. Nadie quiere nada. Aparece el dueño del restaurante. Muy exaltado. Con mala educación le espeta a gritos que se vaya. Le insulta en todo amenazante

El hombre inicia su retirada. No quiere líos.

NINGUNO reaccionamos.

… salvo dos personas. La pareja de ancianos coge suavemente el brazo del hombre. Le pregunta si es tan amable de sentarse con ellos. Le ofrecen una copa de vino. El hombre mira al dueño del restaurante ‘como pidiendo permiso’. Se ‘percibe cierto miedo’ en su cara. Con una SONRISA, la anciana dice al dueño que el vino está excelente y que el servicio siempre ha sido siempre excepcional. SIN JUZGAR su comportamiento previo.

Como por  ‘arte de magia’ al dueño del restaurante ‘se le cambia la cara’. Pide perdón por su comportamiento. Estrecha la mano al hombre y dice que están invitados.

Un verdadero ejemplo de empatía!

“Una sonrisa puede iluminar los lugares más oscuros”

Los niños no tienen prejuicios…

Los niños no tienen prejuicios. Deberíamos aprender de ellos y vivir sin prejuzgar a los demás. Cuando nos hacemos mayores empiezan los prejuicios

Día soleado. Todos los niños jugando en el parque. Padres, madres, abuelos y abuelas al cuidado de los peques. En una esquina del parque está una madre muy joven de unos 22 años con sus dos hijos de unos 7 y 3 aproximadamente. Está con otras madres observando a sus hijos. Su hijo mayor jugaba con una niña de su misma edad. Se divertían mucho. La niña tenía un defecto en la piel. Con manchas en los brazos y cara tenía dificultades para moverse con soltura. La madre llama a sus hijos para irse a casa.

Su hijo mayor se acerca a ella y le dice: “Mami, por favor, déjame seguir jugando con Clara. Es una niña divertidísima. Me gusta jugar con ella. Déjame un poco más, porfa”.

La madre le dice sonriendo: “Claro Pablo. Un ratito más que hay que comer. Sigue jugando con Clara».

Se escucha a la madre decir a las otras madres: “He cometido muchos errores en mi vida. Me he equivocado muchas veces. No siempre he dado a mis hijos la educación perfecta. He sido madre muy joven. Lo sé…. Pero hay algo que he hecho muy bien. Me siento orgullosa de mis hijos”.

Mi primer diccionario…

Mi primer diccionario

Hay recuerdos que no se olvidan.

El fantástico diccionario ITER Sopena es uno de esos recuerdos. ¡El primer diccionario!. Un diccionario sencillo. Cuadrado. Que cabía en la mochila. Con muchos colores. Con banderitas y dibujos y con un olor especial e inolvidable. Un diccionario práctico y “ausente de eufemismos palabros raros” con los que nos comunicamos hoy en día y que hacen que nadie entienda nada.

¿Lo mejor de todo?

El pequeño diccionario recogía un subconjunto muy reducido de tacos y palabrotas. En momentos de aburrimiento (o antes de le llegada del profesor de latín a clase) todos los compañeros consultábamos con intriga esas palabras “prohibidas” y nos deleitábamos al ver una palabrota escrita.

Mi primer ordenador… un Amstrad PC1512…

Mi primer ordenador... un Amstrad PC1512

Mi primer ordenador fue un Spectrum 48K.

Nos lo regalaron mis padres. Un sacrificio familiar. El origen de mi interés por la tecnología.

Mi segundo ordenador fue un Amstrad PC1512. Este me lo pagué yo. Sobre el año 1990. Costó 139.000 pesetas (835€). Me pasé más de un año ahorrando: >> Limpié una multitud de coches de los vecinos de la urbanización.

>> Fui el jardinero particular para cortar el césped, regar las plantas de los vecinos y recoger las hojas que se caían de los árboles en Otoño.

>> Pasé cientos de veces la aspiradora en casa. >> Sacrifiqué la compra de helados caros del estilo Frigodedo, Dráculas o Capitán Colas por helados simples de limón o naranja.

>> Sustituí los chicles Bang Bang por chicles Boomer que eran mucho más baratos pero duraban solo un minuto antes de que se quedasen duros como una piedra.

>> Di clases particulares de matemáticas.

He de reconocer que tuve “ayuda indirecta”. De no haber pasado la aspiradora dos o tres veces al día en casa o por la generosidad de los vecinos para limpiar sus coches… no lo hubiese conseguido.

Y llegó el día.

Recuerdo la ilusión inmensa cuando lo compré. Me levantaba todos los días muy temprano por la mañana para utilizarlo. Enormemente satisfecho por todo el esfuerzo para conseguirlo.

¿Has llamado a tu madre?

¿Has llamado a tu madre?

¿Has llamado hoy a tu madre? Llámala. Dale las gracias. …continúa con lo que estés haciendo…

[…]

A los 4 años: ‘¡Mi mamá puede hacer cualquier cosa!’

A los 8 años: ‘¡Mi mamá sabe mucho! ¡Muchísimo!’

A los 12 años: ‘Mi mamá realmente no lo sabe todo….’

A los 14 años: ‘Naturalmente, mi madre no tiene ni idea sobre esto’ A los 16 años: ‘¿Mi madre? ¡Pero qué sabrá ella!’

A los 18 años: ‘¿Mi madre? ¡Pero si se crió con los dinosaurios!’ A los 25 años: ‘Bueno, puede que mamá sepa algo del tema….’

A los 35 años: ‘Antes de decidir, me gustaría saber la opinión de mamá.’

A los 45 años: ‘Seguro que mi madre me puede orientar’.

A los 55 años: ‘¿Qué hubiera hecho mi madre en mi lugar?’

A los 65 años: ‘¡Ojalá pudiera hablar de esto con mi mamá!’

@Autor: Disponible en varias fuentes en internet.

El pescador y su barca…

El pescador y su barca

… y, PARA QUÉ…

Un consultor pasaba sus vacaciones en la costa y observó durante tiempo a un pescador y sus hábitos. …llegaba tarde, se marchaba pronto, pescaba lo necesario para su subsistencia y, el resto del tiempo … lo dedicaba a pasarlo con su familia, amigos, jugar con sus hijos y descansar. El Consultor se acercó y preguntó:

C: -¿Por qué no pescas durante más tiempo?

P: -¿Para qué? C: -Más pescado, mas ventas… más dinero.

P: -¿Y para qué?.

C: -Comprarías una barca más grande con lo que conseguirías más capturas de mayor valor y…  más dinero.

P: -¿Y qué lograría?.

C: -Montarías tu empresa, un barco más grande, y saldrías a alta mar a faenar.

P: -¿Y para qué?.

C: – Con un buen plan de marketing, multiplicarías ese barco por por 20 y serías millonario!!

P: – ¿Para qué?.

C: – Dejarías de trabajar.

P: – ¿y qué haría?.

C: – Lo que te guste de verdad,… pescar con tu caña, jugar con tus hijos, estar con la familia, descansar…

P: – Ya.

Ref: Cuento Popular

Hay imágenes que valen más que mil palabras…

Hay imágenes que lo explican todo

Distancia entre la Tierra y la Luna explicada en una imagen. Entre la Tierra y nuestro satélite hay 384,440km. Los diámetros aproximados del resto de planetas son:

• Mercurio: 4.879km

• Venus: 12.104km

• Marte: 6.794km

• Júpiter 142.984km

• Saturno: 116,464km

• Urano 50.724km

• Neptuno: 49.244km.

Sumados todos nos da una distancia de 383.193 kilómetros.

Fuente: Gizmono. Internet.

Quimicefa…mucho más peligroso que cualquier virus

Quimicefa...mucho más peligroso que cualquier virus

¡Qué nervios! Espero con impaciencia mi regalo de cumpleaños.

He pedido un Quimicefa.

De los de antes.

De los que venían con sus probetas, sus tubos de ensayo, su quemador de mecha recargable con alcohol y una gama completa de productos químicos como el cloruro amónico, azufre en polvo, permanganato de potasio, cloruro sódico o componentes que acababan en “amónico” con colores llamativos.

Una verdadera combinación perfecta de diversión y peligro para emular al Doctor Bacterio.

Todas las actividades eran absolutamente seguras. Eso sí, siempre que se garantizase el cumplimiento estricto del manual de instrucciones.

…nada de hacer experimentos.

…nada de mezclar componentes al “ton ni son” con la pretensión de hacer la bomba fétida perfecta.

…nada de calentar los tubos de ensayo para que el tapón de corcho saliese disparado.

…nada de oler los productos o probarlos.

Aunque pensándolo bien, voy a pedir otra cosa.

Un libro de filosofía que aborda de forma profunda una gran pregunta existencial.

¿Por qué demonios estamos vivos?