Sobre la impaciencia y los botones…

Sobre la impaciencia

Yo confieso.

Alguna vez, aprieto el botón del ascensor más de una vez para que llegue. Soy consciente de que el ascensor no va a llegar antes. Es un sinsentido tecnológico. No obstante, lo aprieto.

Una vez me preguntó un desconocido para qué lo hacía. Las preguntas con Para Qué son puñeteras. Te hacen pensar.

Rápidamente iba a contestar para dar una argumentación lógica y justificarme. Lo pensé mejor y no quise empeorar la situación. Respondí que no lo sabía. Me sentí liberado de haber buscado una razón a un sinsentido aparente. Ya puestos a confesar, sigamos confesando.

Con el botón del mando a distancia de la televisión sucede algo parecido cuando no responde a pesar de tener pilas recién puestas. Aunque la situación podría considerarse más «dramática» que en el caso del ascensor. No solo pulso el botón del mando más de una vez, sino que lo hago cada vez más fuerte. Otro sinsentido.

¿Puede deberse a un problema de impaciencia con los botones?

Puede ser. Tiene cierto sentido.

Pulsaré tres veces el botón “Publicar de Linkedin” para enviar este sinsentido de publicación al mundo.

Solo espero una cosa. No ser el único al que le sucede

Hacer bien tu trabajo contra el edadismo…

Hacer bien tu trabajo contra el edadismo

Esta es la historia de Silvia. Una reclutadora de 25 años.

Le apasionaba su profesión. Le apasionaban las personas. A veces, le decían que era joven y se involucraba demasiado con las personas. Silvia debía reclutar a una persona para “una empresa joven y dinámica”. Se leyó todos los CV recibidos. Contestó a todos los candidatos. Para ella, primaba el fondo que las formas. La persona a los formularios. Sabía que tenía mucho que aprender en esta vida. Quería encontrar al candidato ideal para su cliente. Aquél que  aportase la experiencia requerida… y tuviese Valores y Sabiduría.

Trabajó mucho … y, finalmente lo encontró. Su candidato era Juan.  Cumplía todo… pero, tenía 50 años, igual que su padre.

Silvia fue Valiente… y le llamó. 

Le explicó honestamente la situación. Sabía que le pedirían explicaciones. No se refugió en normas. Las normas las hacen las personas…. y Juan es una persona.

Juan sonriendo y agradecido respondió:

Tengo más de 50 historias de éxito. más de 50 historias de fracaso. más de 50 decisiones acertadas más de 50 decisiones incorrectas más de 50 cosas que me hacen ‘sabio’. más de 50 que me hacen ‘ignorante’.

… Silvia aprendió mucho ese día. Propuso a Juan como candidato.

Hizo su trabajo. Lo que dependía de ella.

Los niños no tienen prejuicios…

Los niños no tienen prejuicios. Deberíamos aprender de ellos y vivir sin prejuzgar a los demás. Cuando nos hacemos mayores empiezan los prejuicios

Día soleado. Todos los niños jugando en el parque. Padres, madres, abuelos y abuelas al cuidado de los peques. En una esquina del parque está una madre muy joven de unos 22 años con sus dos hijos de unos 7 y 3 aproximadamente. Está con otras madres observando a sus hijos. Su hijo mayor jugaba con una niña de su misma edad. Se divertían mucho. La niña tenía un defecto en la piel. Con manchas en los brazos y cara tenía dificultades para moverse con soltura. La madre llama a sus hijos para irse a casa.

Su hijo mayor se acerca a ella y le dice: “Mami, por favor, déjame seguir jugando con Clara. Es una niña divertidísima. Me gusta jugar con ella. Déjame un poco más, porfa”.

La madre le dice sonriendo: “Claro Pablo. Un ratito más que hay que comer. Sigue jugando con Clara».

Se escucha a la madre decir a las otras madres: “He cometido muchos errores en mi vida. Me he equivocado muchas veces. No siempre he dado a mis hijos la educación perfecta. He sido madre muy joven. Lo sé…. Pero hay algo que he hecho muy bien. Me siento orgullosa de mis hijos”.

Cursos que merecen la pena…Primeros Auxilios de la Cruz Roja

Cursos que merecen la pena...Primeros Auxilios

¿Queréis un buen consejo?

No me gusta darlos. Hoy haré una excepción.

Realizar cualquier curso presencial de Primeros Auxilios. El año pasado realicé el curso presencial que da la Cruz Roja. Fueron solo 10 horas lectivas el sábado y el domingo. Impartidas por un especialista en primeros auxilios. Con foco principalmente práctico.

Seguro que hay cientos de centros y lugares excepcionales que también pueden impartirlo. El sitio es lo de menos. La motivación principal han sido las dos ocasiones en mi vida en las que me quedé parado. Inmovilizado. Sin saber reaccionar ante un atragantamiento de un comensal en un restaurante y un desmayo en la calle. Afortunadamente había personas que SÍ supieron reaccionar y todo quedó en un buen susto.

Sin duda es uno de los cursos que merecen la pena realizar. En otros países me contaron que esta formación se da en los colegios.

Por cierto. Al final del curso dan un diploma. El diploma es lo de menos. Se guarda en un cajón de casa y sirve de motivación para mirarlo cada cierto tiempo y recordarte que es bueno seguir aprendiendo (o recordar lo olvidado por falta de práctica).

Os aconsejo realizarlo. Merece la pena.

Mi primer diccionario…

Mi primer diccionario

Hay recuerdos que no se olvidan.

El fantástico diccionario ITER Sopena es uno de esos recuerdos. ¡El primer diccionario!. Un diccionario sencillo. Cuadrado. Que cabía en la mochila. Con muchos colores. Con banderitas y dibujos y con un olor especial e inolvidable. Un diccionario práctico y “ausente de eufemismos palabros raros” con los que nos comunicamos hoy en día y que hacen que nadie entienda nada.

¿Lo mejor de todo?

El pequeño diccionario recogía un subconjunto muy reducido de tacos y palabrotas. En momentos de aburrimiento (o antes de le llegada del profesor de latín a clase) todos los compañeros consultábamos con intriga esas palabras “prohibidas” y nos deleitábamos al ver una palabrota escrita.