Author Archives

Francisco José Martín-Moreno Carnero

“¿Descríbame quién es usted?”, me preguntaron en una entrevista de trabajo.

Mis tres neuronas quedaron desconcertadas por la pregunta. Se pusieron rápidamente a pensar y filosofar. La pregunta es realmente compleja si no la has pensado antes.

Y no lo había hecho.

¿Soy Ingeniero Industrial?. Pues sí, es lo que estudié. Pero jamás he ejercido. Me costaría saber dónde está la bujía de un coche. Entonces no soy eso.

¿Soy Consultor?. Pues lo fui. Ahora no. O sí. No lo sé. Pues no soy eso.

¿Soy escritor o jardinero?. Pues claramente no. No me gano la vida con ello. Pero me encanta escribir, hacer folicroquis y cuidar el jardín. Pues no soy eso. O sí lo soy. No sé.

¿Soy de Madrid?. Nací allí. Pero mi ilusión es vivir en una pequeña casita en Mallorca cuando nos jubilemos y las niñas sean mayores.

[…]

Menudo lío.

El tiempo pasaba y tenía que contestar. Copié a Chaplin. Dije: “soy lo que soy. Una persona única y diferente que disfruta mucho haciendo un Folicroqui cada día”.

Los niños no tienen prejuicios…

Los niños no tienen prejuicios. Deberíamos aprender de ellos y vivir sin prejuzgar a los demás. Cuando nos hacemos mayores empiezan los prejuicios

Día soleado. Todos los niños jugando en el parque. Padres, madres, abuelos y abuelas al cuidado de los peques. En una esquina del parque está una madre muy joven de unos 22 años con sus dos hijos de unos 7 y 3 aproximadamente. Está con otras madres observando a sus hijos. Su hijo mayor jugaba con una niña de su misma edad. Se divertían mucho. La niña tenía un defecto en la piel. Con manchas en los brazos y cara tenía dificultades para moverse con soltura. La madre llama a sus hijos para irse a casa.

Su hijo mayor se acerca a ella y le dice: “Mami, por favor, déjame seguir jugando con Clara. Es una niña divertidísima. Me gusta jugar con ella. Déjame un poco más, porfa”.

La madre le dice sonriendo: “Claro Pablo. Un ratito más que hay que comer. Sigue jugando con Clara».

Se escucha a la madre decir a las otras madres: “He cometido muchos errores en mi vida. Me he equivocado muchas veces. No siempre he dado a mis hijos la educación perfecta. He sido madre muy joven. Lo sé…. Pero hay algo que he hecho muy bien. Me siento orgullosa de mis hijos”.

Cursos que merecen la pena…Primeros Auxilios de la Cruz Roja

Cursos que merecen la pena...Primeros Auxilios

¿Queréis un buen consejo?

No me gusta darlos. Hoy haré una excepción.

Realizar cualquier curso presencial de Primeros Auxilios. El año pasado realicé el curso presencial que da la Cruz Roja. Fueron solo 10 horas lectivas el sábado y el domingo. Impartidas por un especialista en primeros auxilios. Con foco principalmente práctico.

Seguro que hay cientos de centros y lugares excepcionales que también pueden impartirlo. El sitio es lo de menos. La motivación principal han sido las dos ocasiones en mi vida en las que me quedé parado. Inmovilizado. Sin saber reaccionar ante un atragantamiento de un comensal en un restaurante y un desmayo en la calle. Afortunadamente había personas que SÍ supieron reaccionar y todo quedó en un buen susto.

Sin duda es uno de los cursos que merecen la pena realizar. En otros países me contaron que esta formación se da en los colegios.

Por cierto. Al final del curso dan un diploma. El diploma es lo de menos. Se guarda en un cajón de casa y sirve de motivación para mirarlo cada cierto tiempo y recordarte que es bueno seguir aprendiendo (o recordar lo olvidado por falta de práctica).

Os aconsejo realizarlo. Merece la pena.

Mi primer diccionario…

Mi primer diccionario

Hay recuerdos que no se olvidan.

El fantástico diccionario ITER Sopena es uno de esos recuerdos. ¡El primer diccionario!. Un diccionario sencillo. Cuadrado. Que cabía en la mochila. Con muchos colores. Con banderitas y dibujos y con un olor especial e inolvidable. Un diccionario práctico y “ausente de eufemismos palabros raros” con los que nos comunicamos hoy en día y que hacen que nadie entienda nada.

¿Lo mejor de todo?

El pequeño diccionario recogía un subconjunto muy reducido de tacos y palabrotas. En momentos de aburrimiento (o antes de le llegada del profesor de latín a clase) todos los compañeros consultábamos con intriga esas palabras “prohibidas” y nos deleitábamos al ver una palabrota escrita.

Mi primer ordenador… un Amstrad PC1512…

Mi primer ordenador... un Amstrad PC1512

Mi primer ordenador fue un Spectrum 48K.

Nos lo regalaron mis padres. Un sacrificio familiar. El origen de mi interés por la tecnología.

Mi segundo ordenador fue un Amstrad PC1512. Este me lo pagué yo. Sobre el año 1990. Costó 139.000 pesetas (835€). Me pasé más de un año ahorrando: >> Limpié una multitud de coches de los vecinos de la urbanización.

>> Fui el jardinero particular para cortar el césped, regar las plantas de los vecinos y recoger las hojas que se caían de los árboles en Otoño.

>> Pasé cientos de veces la aspiradora en casa. >> Sacrifiqué la compra de helados caros del estilo Frigodedo, Dráculas o Capitán Colas por helados simples de limón o naranja.

>> Sustituí los chicles Bang Bang por chicles Boomer que eran mucho más baratos pero duraban solo un minuto antes de que se quedasen duros como una piedra.

>> Di clases particulares de matemáticas.

He de reconocer que tuve “ayuda indirecta”. De no haber pasado la aspiradora dos o tres veces al día en casa o por la generosidad de los vecinos para limpiar sus coches… no lo hubiese conseguido.

Y llegó el día.

Recuerdo la ilusión inmensa cuando lo compré. Me levantaba todos los días muy temprano por la mañana para utilizarlo. Enormemente satisfecho por todo el esfuerzo para conseguirlo.

¿Has llamado a tu madre?

¿Has llamado a tu madre?

¿Has llamado hoy a tu madre? Llámala. Dale las gracias. …continúa con lo que estés haciendo…

[…]

A los 4 años: ‘¡Mi mamá puede hacer cualquier cosa!’

A los 8 años: ‘¡Mi mamá sabe mucho! ¡Muchísimo!’

A los 12 años: ‘Mi mamá realmente no lo sabe todo….’

A los 14 años: ‘Naturalmente, mi madre no tiene ni idea sobre esto’ A los 16 años: ‘¿Mi madre? ¡Pero qué sabrá ella!’

A los 18 años: ‘¿Mi madre? ¡Pero si se crió con los dinosaurios!’ A los 25 años: ‘Bueno, puede que mamá sepa algo del tema….’

A los 35 años: ‘Antes de decidir, me gustaría saber la opinión de mamá.’

A los 45 años: ‘Seguro que mi madre me puede orientar’.

A los 55 años: ‘¿Qué hubiera hecho mi madre en mi lugar?’

A los 65 años: ‘¡Ojalá pudiera hablar de esto con mi mamá!’

@Autor: Disponible en varias fuentes en internet.