Author Archives

Francisco José Martín-Moreno Carnero

“¿Descríbame quién es usted?”, me preguntaron en una entrevista de trabajo.

Mis tres neuronas quedaron desconcertadas por la pregunta. Se pusieron rápidamente a pensar y filosofar. La pregunta es realmente compleja si no la has pensado antes.

Y no lo había hecho.

¿Soy Ingeniero Industrial?. Pues sí, es lo que estudié. Pero jamás he ejercido. Me costaría saber dónde está la bujía de un coche. Entonces no soy eso.

¿Soy Consultor?. Pues lo fui. Ahora no. O sí. No lo sé. Pues no soy eso.

¿Soy escritor o jardinero?. Pues claramente no. No me gano la vida con ello. Pero me encanta escribir, hacer folicroquis y cuidar el jardín. Pues no soy eso. O sí lo soy. No sé.

¿Soy de Madrid?. Nací allí. Pero mi ilusión es vivir en una pequeña casita en Mallorca cuando nos jubilemos y las niñas sean mayores.

[…]

Menudo lío.

El tiempo pasaba y tenía que contestar. Copié a Chaplin. Dije: “soy lo que soy. Una persona única y diferente que disfruta mucho haciendo un Folicroqui cada día”.

El arte de hacer preguntas poderosas…

El arte de hacer preguntas poderosas

Formular Preguntas Esenciales es un verdadero arte. Para los que no dominamos este arte, en ocasiones, nos puede venir bien tener una “chuleta” a mano y sacarla de vez en cuando. Muchos de los conflictos y malentendidos en la empresa o en nuestra vida se deben por no hacer las preguntas adecuadas.

1.- Cuestionar metas y propósitos – ¿Qué tratamos de lograr aquí?

2.- Cuestionar las preguntas – ¿Debemos hacer la pregunta de esta manera… o de ésta..?

3.- Cuestionar la información, los datos, y la experiencia – ¿En qué información usted basa su comentario?

4.- Cuestionar inferencias y conclusiones – ¿Cómo usted llegó a esa conclusión?

5.- Cuestionar conceptos e ideas – ¿Cuál es la idea central que usas en tu razonamiento?

6.- Cuestionar suposiciones – ¿Qué suposiciones sustentan nuestro punto de vista? ¿Qué presunciones alternas podemos formar?

7.- Cuestionar implicaciones y consecuencias – ¿Qué implica usted cuando dice…?

8.- Cuestionar puntos de vista y perspectivas – ¿Existe otro punto de vista que debemos considerar?

Las preguntas definen las tareas, expresan problemas y delimitan asuntos. La calidad de nuestro pensamiento está en la calidad de nuestras preguntas. Por cierto,

¿Alguien sabe cómo funciona el mundo?

@ The Art of Asking Essential Questions

Curso exprés de «Elevator Pitch» para gente sin complejos…

Curso exprés de "Elevator Pitch" para gente sin complejos

“Elevator Pitch”.

¿Y eso qué es?

Desconocía el término. Me ofrecieron un curso de una mañana para dominar las técnicas. Escuché con atención. Tenía tiempo. El objetivo es despertar el interés por tu proyecto en lo que dura un viaje de ascensor, … en menos de 2 minutos. Sin extenderse. Mostrando naturalidad. Sin resultar pesado. Sin abrumar con cifras. Sin memorizarlo.

Para ello es necesario tener muy claro los objetivos, tu proyecto, las preguntas frecuentes, en qué nos diferenciamos, etc.

Muy lógico.

Dedicaron 10 minutos en explicarme el curso (imagino que es un “Elevator Pitch” para edificios altos o, en su defecto, ascensores lentos).

No obstante consiguieron su objetivo. Despertó mucho mi interés. A veces me enrollo ‘como las persianas’. Es un punto claro de mejora. Hay verdaderos maestros en el arte de comunicar oralmente. Una maravilla escucharlos. Cautivan tu atención.

La reflexión que me hago es:

¿Es suficiente con un curso teórico exprés para tener el don de cautivar y persuadir?

¿Cuánto dinero ganas por hora?…

¿Cuánto dinero ganas por hora?

¿Cuánto dinero ganas por hora en tu trabajo?

… El niño tenía once años. El niño era estudioso, normal y cariñoso con sus padres. Pero el niño le daba vueltas a algo en la cabeza. Su padre trabajaba mucho,  ganaba bien y estaba todo el día en sus negocios.  El hijo le admiraba porque “tenía un buen puesto”.

Cierto día el niño esperó a su padre, sin dormirse, y cuando llegó a casa, le llamó desde la cama: –

Papá –le dijo- ¿cuánto ganas cada hora?. –

Hijo, no sé, bastante. Pon, si quieres, 18 euros. ¿Por qué?

– Quería saberlo.

– Bueno, duerme.

Al día siguiente, el niño comenzó a pedir dinero a su mamá, a sus tíos, a sus abuelos. En una semana tenía quince euros.  El niño esperó a su padre en la cama muerto de sueño. Escuchó a su padre llegar a casa y le llamó.

– Papá, dame tres euros que me hacen falta para una cosa muy importante…

– ¿Muy importante, muy importante? … Toma tres euros y duérmete.

– No, papá, espera. Mira. Tengo 18 euros.  Tómalos.

¡Te compro una hora!”

@ Fermín de Mieza

Abracadabra pata de cabra…

Abracadabra pata de cabra

Fue hace años. Nos encontrábamos inmersos en un cambio organizativo relevante. Las tareas de todas las personas del dpto. quedaron en ‘stand-by’. Todos a la espera de acontecimientos en una sala. La carga de trabajo se redujo a la mínima expresión.

El aburrimiento sólo era comparable a la incertidumbre que se olía en el ambiente. La partida de ajedrez se jugaba en los pisos más elevados del edificio. Hasta que no se colocasen los Reyes, las Reinas y las Torres, los peones estaban inmovilizados, asustados y angustiados.

Decidí matar el aburrimiento viendo vídeos y leyendo trucos sencillos de magia. Y practicando con disimulo. Y así, pasaban las horas y las horas. Al llegar a casa continuaba practicando. Y, sin pretenderlo, me convertí en un mago.

En un ‘gran mago’ que hacía trucos de magia muy muy malos… A los hijos pequeños de mis amigos, vecinos y compañeros les gustaban mucho mis trucos. Me rodeaban para ver cómo hacía desaparecer las monedas, cómo podía introducirlas en botellas cerradas o en envoltorios de azúcar, etc.

Me hacía feliz ver su cara de sorpresa e ilusión. A los dos meses, se colocaron las nuevas piezas de ajedrez en el tablero, y los peones comenzaron a moverse de nuevo.

…pero ahora, lo hacían con el poder de la magia.

Una historia como muchas otras…

Una historia como muchas otras

Una historia como muchas otras…

Principios de Septiembre de 2018. Vuelve el calor. Terracita de verano en Madrid en La Latina. Abarrotada de gente. Al fondo, una pareja de ancianos tomándose una copa de vino. Se acerca una persona de color ofreciendo “artilugios varios” guardados en una sábana sucia. Pregunta si alguien quiere algo. Con respeto. Sin incordiar. Para ganarse la vida. Nadie quiere nada. Aparece el dueño del restaurante. Muy exaltado. Con mala educación le espeta a gritos que se vaya. Le insulta en todo amenazante

El hombre inicia su retirada. No quiere líos.

NINGUNO reaccionamos.

… salvo dos personas. La pareja de ancianos coge suavemente el brazo del hombre. Le pregunta si es tan amable de sentarse con ellos. Le ofrecen una copa de vino. El hombre mira al dueño del restaurante ‘como pidiendo permiso’. Se ‘percibe cierto miedo’ en su cara. Con una SONRISA, la anciana dice al dueño que el vino está excelente y que el servicio siempre ha sido siempre excepcional. SIN JUZGAR su comportamiento previo.

Como por  ‘arte de magia’ al dueño del restaurante ‘se le cambia la cara’. Pide perdón por su comportamiento. Estrecha la mano al hombre y dice que están invitados.

Un verdadero ejemplo de empatía!

“Una sonrisa puede iluminar los lugares más oscuros”

Sobre la impaciencia y los botones…

Sobre la impaciencia

Yo confieso.

Alguna vez, aprieto el botón del ascensor más de una vez para que llegue. Soy consciente de que el ascensor no va a llegar antes. Es un sinsentido tecnológico. No obstante, lo aprieto.

Una vez me preguntó un desconocido para qué lo hacía. Las preguntas con Para Qué son puñeteras. Te hacen pensar.

Rápidamente iba a contestar para dar una argumentación lógica y justificarme. Lo pensé mejor y no quise empeorar la situación. Respondí que no lo sabía. Me sentí liberado de haber buscado una razón a un sinsentido aparente. Ya puestos a confesar, sigamos confesando.

Con el botón del mando a distancia de la televisión sucede algo parecido cuando no responde a pesar de tener pilas recién puestas. Aunque la situación podría considerarse más «dramática» que en el caso del ascensor. No solo pulso el botón del mando más de una vez, sino que lo hago cada vez más fuerte. Otro sinsentido.

¿Puede deberse a un problema de impaciencia con los botones?

Puede ser. Tiene cierto sentido.

Pulsaré tres veces el botón “Publicar de Linkedin” para enviar este sinsentido de publicación al mundo.

Solo espero una cosa. No ser el único al que le sucede

Hacer bien tu trabajo contra el edadismo…

Hacer bien tu trabajo contra el edadismo

Esta es la historia de Silvia. Una reclutadora de 25 años.

Le apasionaba su profesión. Le apasionaban las personas. A veces, le decían que era joven y se involucraba demasiado con las personas. Silvia debía reclutar a una persona para “una empresa joven y dinámica”. Se leyó todos los CV recibidos. Contestó a todos los candidatos. Para ella, primaba el fondo que las formas. La persona a los formularios. Sabía que tenía mucho que aprender en esta vida. Quería encontrar al candidato ideal para su cliente. Aquél que  aportase la experiencia requerida… y tuviese Valores y Sabiduría.

Trabajó mucho … y, finalmente lo encontró. Su candidato era Juan.  Cumplía todo… pero, tenía 50 años, igual que su padre.

Silvia fue Valiente… y le llamó. 

Le explicó honestamente la situación. Sabía que le pedirían explicaciones. No se refugió en normas. Las normas las hacen las personas…. y Juan es una persona.

Juan sonriendo y agradecido respondió:

Tengo más de 50 historias de éxito. más de 50 historias de fracaso. más de 50 decisiones acertadas más de 50 decisiones incorrectas más de 50 cosas que me hacen ‘sabio’. más de 50 que me hacen ‘ignorante’.

… Silvia aprendió mucho ese día. Propuso a Juan como candidato.

Hizo su trabajo. Lo que dependía de ella.