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Francisco José Martín-Moreno Carnero

“¿Descríbame quién es usted?”, me preguntaron en una entrevista de trabajo.

Mis tres neuronas quedaron desconcertadas por la pregunta. Se pusieron rápidamente a pensar y filosofar. La pregunta es realmente compleja si no la has pensado antes.

Y no lo había hecho.

¿Soy Ingeniero Industrial?. Pues sí, es lo que estudié. Pero jamás he ejercido. Me costaría saber dónde está la bujía de un coche. Entonces no soy eso.

¿Soy Consultor?. Pues lo fui. Ahora no. O sí. No lo sé. Pues no soy eso.

¿Soy escritor o jardinero?. Pues claramente no. No me gano la vida con ello. Pero me encanta escribir, hacer folicroquis y cuidar el jardín. Pues no soy eso. O sí lo soy. No sé.

¿Soy de Madrid?. Nací allí. Pero mi ilusión es vivir en una pequeña casita en Mallorca cuando nos jubilemos y las niñas sean mayores.

[…]

Menudo lío.

El tiempo pasaba y tenía que contestar. Copié a Chaplin. Dije: “soy lo que soy. Una persona única y diferente que disfruta mucho haciendo un Folicroqui cada día”.

La felicidad y el salmón ahumado…

La felicidad y el salmón ahumado

Tenía una misión importante. Hacer la compra. La lista era sencilla; embutidos, leche, fruta y pechuga de pollo. Ejecuté la operación con éxito y precisión.

Me fijé en un fantástico salmón ahumado de 5 euros. El salmón me decía “¡cómprame!, ¡cómprame!”.

Le hice caso. A los salmones no hay que llevarles la contraria.

Pagué la compra. Llegué a casa y empecé a meter las cosas en la nevera y, de repente,… ¡Maldición!. Se me había quedado el salmón ahumado en la caja del supermercado. La probabilidad de recuperarlo era nula. Todo tipo de sentimientos negativos. Desolación. Cabreo. Impotencia. Rabia…

Cinco euros tirados al estómago del siguiente cliente en la fila del supermercado.

Paulatinamente, el enfado se pasa. Vuelve la calma. Por la noche, abro la nevera. Para mi sorpresa, descubro que el salmón ahumado estaba en el cajón bien camuflado debajo del paquete de salchichón.

¡Siempre había estado ahí!.

Todo tipo de sentimientos positivos y felices pasan por la mente. Nunca un salmón ahumado supo mejor.

Cinco euros dan para experimentar muchas emociones…

…y llevarte algún aprendizaje antes de dormir.

La mayoría de las preocupaciones que tenemos nunca se cumplen. ¡Palabra de salmón ahumado!

¡Construya un rascacielos en 11 pasos !

¡Construya un rascacielos en 11 pasos!

Recuerdo un programa de TV. Se llamaba Bricomanía.

Estaba dedicado al bricolaje y la jardinería. Te proporcionaba instrucciones completas para reformar, arreglar o decorar tu hogar. Parecía muy fácil. Solo tenías que ir “a tu centro de bricolaje más cercano” a comprar las herramientas y materiales y seguir las instrucciones. En «una mañana», alicatabas tu cocina.

Lo haces.

Y descubres que la realidad es muy distinta. Siempre faltaban piezas y herramientas. O el cemento no pegaba… El resultado era desolador. Las emociones más toxicas surgían de tus adentros. Con el agravante de no poder echar la culpa a nadie como mecanismo de defensa. Intentabas arreglar la chapuza, pero con poco éxito.

Descubres que la teoría es fácil. La práctica es distinta. Se necesita experiencia. Trabajo. Habilidades…

Aprendí algo. Se me da horriblemente mal alicatar cocinas.

[…]

A veces, recibo invitaciones a cursos exprés para ser un gran líder, o un excelente negociador, o un orador brillante. Te garantizan que en «una semana» consigues con éxito tus objetivos. Mientras leo el temario me vienen a la mente «baldosas resbalando por las paredes porque el cemento no pega y la acción de la gravedad no las sujeta»…

… y se me quitan las ganas.

Mi primer LIKE

Mi primer LIKE

Recuerdo mi primer Like.

Fue un mes de Septiembre hace cuatro años. Sentía ganas de compartir ciertas reflexiones a la comunidad de Linkedin. Pero no me atrevía. Tenía miedo al “qué dirán”, a “que no gustase”, a “que resultase aburrido”, a “dejar algo por escrito al mundo”,etc…

Sé que es un miedo totalmente infundado. Ilógico. Una completa absurdez. Una tontería. Lo sé. Pero lo tenía.

Un día decidí atreverme. Escribí un artículo que para mí era importante. Significaba algo. Era respetuoso con todos. Lo revisé. Lo volví a revisar. Verifiqué la ortografía. Pedí ayuda para que me lo revisasen…

Y lo envié.

…pasó una hora. Y no sucedió nada.

…pasaron cinco horas. Y tampoco sucedió nada.

…verifiqué que el artículo había sido enviado por la plataforma. Y lo había sido…

Perdí un poco “la esperanza”, pero no me importaba. El mensaje era importante para mí. Tenía un significado. Y con eso bastaba.

Antes de ir dormir miré el móvil. Y ahí estaba el primer “Like”. Esperándome. Acompañado de un comentario que decía “Gracias por compartir”.

Me puse muy contento. Había una persona en el Planeta Tierra que le había gustado.

Y, desde ese día, perdí ese miedo absurdo.

Si tienes algo que decir «al mundo»… ¡Dilo sin miedo!. ¡Escríbelo!.

¿Abrir o no abrir el melón?…

¿Abrir o no abrir el melón?

Abrir o no abrir el melón.

El quid de la cuestión.

El melón. La verdura que quiso ser fruta. Expertos en verduras (y frutas) afirman que hasta que no se “abre el melón” no se puede saber si está verde o maduro, si es de buena cepa o, por el contrario, pertenece a la familia de los pepinos.

Abrir un melón es una decisión difícil. Hace falta pericia y experiencia. Astucia e ingenio. Sobre todo, prudencia.

1.- Los hay que los abren con valentía y, si sale pepino, les echan limón y se los endosan a otro para que se lo coma.

2.- Los hay que delegan la decisión de abrirlo a terceros. Y, solo si sale bueno, se lo comen.

3.- Los hay que deciden no abrirlo al desconocer si los resultados serán positivos o negativos y entran en un estado de “parálisis por análisis”.

Y, también están los verdaderos expertos. Los que sin necesidad de abrirlo saben si está bueno o malo. Y,… aun a sabiendas que está verde,… lo abren. Con prudencia. Sin ascos. Para aprender. Para mejorar. La parte mala se la comen ellos. La buena la ceden.

Abrir melones es una decisión de valientes.